sábado, 25 de febrero de 2012

HUYE


-Tranquila, no voy a hacerte daño. Soy el propietario del bar. Nadie volverá a ponerte la mano encima, te lo prometo.

La tomó en brazos, cuidando su fragilidad, y la llevó a su casa.
Horas más tarde, ella se despertó entre quejas.

-No te muevas, has sufrido varias contusiones. ¿Tienes hambre o sed?
-Sí.- dijo desconfiada.

Bebió y comió cuanto su estómago le permitió. Cuando terminó de comer, el joven se acercó a ella.

-Gracias.- dijo, con la cara marcada por el sufrimiento y el cansancio.

Él no pudo soportar esa mirada cargada de miedo y dolor. Se dio media vuelta, suspirando.

-Ese cabrón nunca me ha dado buena espina.- dijo en voz baja, apesadumbrado.
-¿Dónde está?
-Recibió su merecido, no lo dudes.

Y un atisbo de rabia brilló en sus ojos. Ella no lo vio, y no sabía con certeza lo que había ocurrido la pasada noche. Decidió no preguntar.

-Me llamo Marco.- se presentó.
-Dafne.
-Bonito nombre. ¿De dónde eres?
-No tengo raíces.- mintió.
-Entiendo. ¿Viajas de un sitio a otro? ¿Te ganas la vida con esos escritos?
-¿Los has leído? No tenías derecho.- le espetó, enfadada.
-Te he salvado, creo que sí lo tengo.- dijo él, tranquilo.- Venga, puedes confiar en mí.
- No ganaba mucho con mi trabajo así que acabé escribiendo mis propias historias.
-¿Y te las compraban?
-Supongo que por caridad, sí.
-¿No tienes casa?
-¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio?
-Te he acogido, es lo mínimo que debo saber, quién eres.
-Soy Dafne, ya te lo he dicho.
-Eres terca como una mula.
-Genial, además de una niña maleducada ahora soy también una mula.- se burló.- ¿Y qué hay de ti? Vives solo por lo que veo.
-Sí, he sabido montarme una buena vida.
-¿Servir cafés y cervezas te parece una buena vida?- contestó ella con tono provocador.
- Al menos yo me puedo defender solo.- espetó él.

Dafne lo miró dolida.

-Gracias por todo. Me marcho.- dijo saliendo por la puerta.
-¡Dafne, espera! No he querido decir eso. Soy un bocazas. Perdóname.
-Sí, eres un bocazas.
-Lo siento. Quédate. Es de noche y está lloviendo. Además no tienes coche.
-¿No lo has visto?- preguntó preocupada por su viejo Ford.
-Lo siento.- dijo a modo de negación.
-Está bien.

Dafne recorrió el apartamento de Marco mirando con curiosidad la cantidad de cosas de valor que tenía.

-Has viajado mucho por lo que veo.
-Son baratijas que he ido comprando por aquí y por allá.
-¿Firmadas por David Garrad?- insistió, escéptica.
-Mira, te he salvado y te voy a acoger en mi casa porque sé que no tienes a dónde ir y además eres una cría. Pero eso no te da derecho a meterte en mi vida.
-Tengo dieciocho años.
-Lo que yo decía, una cría.
-Te crees muy viejo para tener veinticinco años.
-No tengo veinticinco, tengo veintiocho. Pero gracias por el cumplido. Y ahora vete a dormir, ha sido un día duro.
-Buenas noches.- dijo, enfadada.

Y no obtuvo respuesta. 
A la mañana siguiente, cuando Marco despertó, se percató de que se había quedado dormido. Eran más de las once y el café estaría cerrado. Había perdido a los clientes de esa mañana.
Corrió entre maldiciones hacia la cafetería que, para su sorpresa, funcionaba con normalidad.
Entró confundido y, allí estaba ella, sirviendo alegremente el café entre los clientes. Al ver a Marco le dirigió una sonrisa sincera.

-Te he salvado el culo, reconócelo.- le dijo al pasar a su lado.

Marco le devolvió la sonrisa a sabiendas de que ella tenía razón, y se puso a trabajar.
Hacia las doce, la cafetería se quedó vacía. Ambos limpiaban en silencio los restos de café y tostadas de las mesas, el suelo e, incluso, los asientos. Fue Marco quien rompió el silencio.

-Gracias por haber abierto el café.
-De nada.- dijo ella.
-Se te da bien este negocio. ¿Has trabajado de camarera alguna vez?
-Sí, trabajaba en una cafetería antes de venir aquí.
-¿Tienes pensado volver?

Esa pregunta sorprendió a Dafne. Nunca se había parado a pensar en ello. Se había marchado, pero no sabía si iba a volver. No sabía si su padre seguiría vivo, cuando se marchó sangraba demasiado.

-Dafne, ¿estás bien?
-No creo que vuelva. No.
- Bien. Entonces, ¿te gustaría trabajar aquí, conmigo? No puedo pagarte mucho, pero es suficiente para vivir.
-Es una buena oferta, Marco, pero debo pensarlo. Aún no sé qué voy a hacer.- dijo, sincera.
-Bueno, cuando lo sepas, avísame.

Ambos siguieron limpiando en silencio, y así transcurrió el día. Por la noche, Marco no dejó que Dafne trabajara en el bar para protegerla, por lo que ella pasó la noche leyendo El libro de Enoc, uno de los tantos que Marco tenía en sus librerías. Y poco a poco, se quedó dormida.
Cuando Marco llegó a casa, bien entrada la noche, la oyó gritar y llorar y corrió hacia ella. Estaba dormida.

-¡Dafne! ¡Dafne! ¡Despierta! ¿Qué te pasa? ¡Dafne!

Y Dafne se despertó y lloró desconsoladamente, abrazada por Marco. Estaba asustada, dolida.
Al cabo de un largo tiempo, consiguió calmarse.

-Dafne, ¿qué soñabas?
-Anoche…- dijo sollozando.-Necesito saberlo, Marco. Dime la verdad. Por favor.
-No, no llegó a tanto.- confesó él conteniendo la rabia y la tristeza.

Y en respuesta ella se abrazó a él durante lo que pudo ser una eternidad. Cuando ya dormía, Marco la arropó y se fue al sofá.
Así pasaron los días, las semanas. Ambos trabajaban en el café de Marco por el día y por la noche Dafne se quedaba leyendo.
Ya había pasado casi un mes desde la llegada de Dafne, y aparentemente todo iba bien. No conocía a Marco, y él a ella tampoco. Pero no necesitaban conocerse, se entendían y se necesitaban, aunque ellos aún no lo supieran.
Una noche, Marco llegó extrañado a casa.

-Dafne, tengo un sobre para ti.
-¿Un sobre? ¿De quién?
-No lo sé. Estaba en el mostrador y no tiene remitente. Toma.

Dafne lo abrió. Era una tarjeta de felicitación de cumpleaños. La desdobló, y al leer lo que contenía en su interior, dejó caer  la tarjeta al suelo y comenzó a temblar. Marco, que había visto la cadena de reacciones que habían surcado su cara, cogió la tarjeta y la leyó.

-Huye.

Dafne seguía con la cara pálida y sin articular palabra, y Marco quería entender.

-¿Qué significa esto, Dafne? ¿Sabes quién te la envía? ¿Por qué pone “huye” en una tarjeta de cumpleaños? Dafne.
-Marco, siéntate. Tienes que prometerme que no dirás nada de lo que voy a contarte, por favor. A nadie.
-Tranquila, puedes confiar en mí.

Ella lo miró con dolor.

-Cuando llegué aquí, estaba huyendo de algo. Desde que nací he vivido con mi padre, mi madre murió cuando tenía dos años. Al principio fue duro, pero seguíamos adelante. Pero poco a poco las cosas fueron a peor. Mi padre empezó a beber, no mucho, pero bebía. Yo le decía que lo dejara, que se estaba haciendo daño, pero no me hizo caso. Dejó el trabajo y lo sustituyó por un bar.
-El bar en el que trabajabas.
-Sí. Yo tuve que hacer de camarera, tuve que servirle a mi propio padre el veneno que destruía nuestras vidas a marchas forzadas.
“Cuando se cansaba de estar allí y de mostrarme como pieza de valor a sus amigos, se iba a casa. Yo tenía que quedarme trabajando y cerrar el local. Terminaba de trabajar de madrugada, y cuando llegaba a casa siempre había alguna mujer en su cama. Nuestra vida cambió totalmente. Una noche, al llegar a casa de trabajar, escuché desde el jardín cómo él y la mujer a la que había llevado esa noche a casa discutían. Esperé a que acabaran, y la mujer se fue. Mi padre estaba enfadado, violento y muy borracho. Yo entré, y me fui a mi habitación. Y él vino detrás de mí. Se me acercó y me dijo que era muy guapa, que estaba orgulloso de haber creado una  mujer así. Me acariciaba y me susurraba al oído. Salí corriendo, y él detrás de mí. No encontré ninguna salida, y me alcanzó. Me desnudo de cintura para arriba y me empujó contra el sofá. Yo estaba asustada y no sabía qué hacer. Me defendí. Le estampé un jarrón en la cabeza y salí corriendo. Pensé que estaba muerto, había mucha sangre. Pero veo que no es así."
“Cuando era pequeña, desde que mi madre murió, mi padre me arropaba en la cama y me decía que huyera siempre que hubiera un peligro cerca de mí. Y ahora él es el peligro."
-Así que viene a por ti. ¿Y la tarjeta?
-Hoy es mi cumpleaños.Ya me ha encontrado, Marco. Tengo que irme de aquí.- los nervios hablaban por ella.

Se levantó y comenzó a recoger sus pertenencias.

-Dafne, ¿a dónde vas a ir? ¡No tienes a nadie, no tienes dinero! ¡No hagas planes precipitados!- replicó él, asustado.
-Me buscaré la vida como he hecho siempre. Pero no puedo quedarme aquí, Marco.
-¡Estás cometiendo una estupidez! ¡No tienes nada y eres una cría! ¡No sabes defenderte en la calle, Dafne! ¡¿No te das cuenta de que si te vas acabarás mal?!

Marco estaba desesperado, asustado. Pero no era al padre de Dafne a lo que temía.

-¡Y si me quedo el que acabará mal serás tú y eso no me lo perdonaría nunca!- chilló ella casi sollozando.

Ambos se quedaron en silencio un instante.

-Marco yo…
-Dafne, yo estaré bien. Eres tú la que corre peligro y no puedes defenderte sola.

Ambos se miraron largo rato a los ojos, expresaron en silencio con miradas lo que llevaban semanas queriendo decir. Fue Marco quien apartó la vista.

-Eres libre de irte si así lo deseas.

Y dio media vuelta y se fue, dejando a Dafne sola en casa.
Llovía.

2 comentarios:

  1. Te alabo el gusto. Literariamente hablando resulta de lo más atractivo situar en el epicentro de la acción a dos personajes que no podrían habitar puntos más alejados de la existencia. Sin conflicto no puede haber relato. El encuentro fortuito de dos seres como detonante de todo lo demás. Muy jugoso. Material de primera difícil de gestionar pero que azuza al lector a profundizar en las peripecias de Dafne y Marco, personajes bien construidos con sangre y vísceras y no con cartón-piedra.

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    1. Jajaja ya te lo he dicho en más ocasiones, me retas, me exiges. Tus comentarios son rompecabezas. Encontrar la manera de contestarte estando a la altura es difícil, but not imposible!
      De momento, y por hoy, simplemente haré referencia a ese detalle de tu comentario en el que te refieres a los personajes. Eres listo, e intuyo que al igual que yo adiviné ayer aquél "Akuna Matata", tu adivinarás a quiénes se parecen Marco y Dafne, de dónde vienen y cuál es su origen.
      Tienes siete intentos y constas de dos brazos, dos piernas, una cabeza y el estrangulamiento. Buena suerte!

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