-Tranquila, no voy a
hacerte daño. Soy el propietario del bar. Nadie volverá a ponerte la mano
encima, te lo prometo.
La tomó en brazos,
cuidando su fragilidad, y la llevó a su casa.
Horas más tarde, ella se
despertó entre quejas.
-No te muevas, has sufrido
varias contusiones. ¿Tienes hambre o sed?
-Sí.- dijo desconfiada.
Bebió y comió cuanto su
estómago le permitió. Cuando terminó de comer, el joven se acercó a ella.
-Gracias.- dijo, con la
cara marcada por el sufrimiento y el cansancio.
Él no pudo soportar esa
mirada cargada de miedo y dolor. Se dio media vuelta, suspirando.
-Ese cabrón nunca me ha
dado buena espina.- dijo en voz baja, apesadumbrado.
-¿Dónde está?
-Recibió su merecido, no
lo dudes.
Y un atisbo de rabia
brilló en sus ojos. Ella no lo vio, y no sabía con certeza lo que había ocurrido la pasada noche. Decidió no preguntar.
-Me llamo Marco.- se
presentó.
-Dafne.
-Bonito nombre. ¿De dónde
eres?
-No tengo raíces.- mintió.
-Entiendo. ¿Viajas de un
sitio a otro? ¿Te ganas la vida con esos escritos?
-¿Los has leído? No tenías
derecho.- le espetó, enfadada.
-Te he salvado,
creo que sí lo tengo.- dijo él, tranquilo.- Venga, puedes confiar en mí.
- No ganaba mucho con mi
trabajo así que acabé escribiendo mis propias historias.
-¿Y te las compraban?
-Supongo que por caridad, sí.
-¿No tienes casa?
-¿Qué es esto? ¿Un
interrogatorio?
-Te he acogido, es lo
mínimo que debo saber, quién eres.
-Soy Dafne, ya te lo he
dicho.
-Eres terca como una mula.
-Genial, además de una
niña maleducada ahora soy también una mula.- se burló.- ¿Y qué hay de ti? Vives
solo por lo que veo.
-Sí, he sabido montarme
una buena vida.
-¿Servir cafés y cervezas te
parece una buena vida?- contestó ella con tono provocador.
- Al menos yo me puedo
defender solo.- espetó él.
Dafne lo miró dolida.
-Gracias por todo. Me
marcho.- dijo saliendo por la puerta.
-¡Dafne,
espera! No he querido decir eso. Soy un bocazas. Perdóname.
-Sí, eres un bocazas.
-Lo siento. Quédate. Es de noche y está lloviendo. Además no tienes coche.
-¿No lo has visto?-
preguntó preocupada por su viejo Ford.
-Lo siento.- dijo a modo de negación.
-Está bien.
Dafne recorrió el
apartamento de Marco mirando con curiosidad la cantidad de cosas de valor que
tenía.
-Has viajado mucho por lo
que veo.
-Son baratijas que he ido
comprando por aquí y por allá.
-¿Firmadas por David
Garrad?- insistió, escéptica.
-Mira, te he salvado y te voy a acoger en mi casa porque sé que no tienes a dónde ir y además
eres una cría. Pero eso no te da derecho a meterte en mi vida.
-Tengo dieciocho años.
-Lo que yo decía, una
cría.
-Te crees muy viejo para
tener veinticinco años.
-No tengo veinticinco,
tengo veintiocho. Pero gracias por el cumplido. Y ahora vete a dormir, ha sido
un día duro.
-Buenas noches.- dijo,
enfadada.
Y no obtuvo respuesta.
A la mañana siguiente, cuando Marco despertó, se percató de que se había quedado dormido. Eran más de las once y el café estaría cerrado. Había perdido a los clientes de esa mañana.
A la mañana siguiente, cuando Marco despertó, se percató de que se había quedado dormido. Eran más de las once y el café estaría cerrado. Había perdido a los clientes de esa mañana.
Corrió entre maldiciones
hacia la cafetería que, para su sorpresa, funcionaba con normalidad.
Entró confundido y, allí
estaba ella, sirviendo alegremente el café entre los clientes. Al ver a Marco
le dirigió una sonrisa sincera.
-Te he salvado el culo,
reconócelo.- le dijo al pasar a su lado.
Marco le devolvió la
sonrisa a sabiendas de que ella tenía razón, y se puso a trabajar.
Hacia las doce, la
cafetería se quedó vacía. Ambos limpiaban en silencio los restos de café y
tostadas de las mesas, el suelo e, incluso, los asientos. Fue Marco quien
rompió el silencio.
-Gracias por haber abierto
el café.
-De nada.- dijo ella.
-Se te da bien este
negocio. ¿Has trabajado de camarera alguna vez?
-Sí, trabajaba en una
cafetería antes de venir aquí.
-¿Tienes pensado volver?
Esa pregunta sorprendió a
Dafne. Nunca se había parado a pensar en ello. Se había marchado, pero no sabía
si iba a volver. No sabía si su padre seguiría vivo, cuando se marchó sangraba demasiado.
-Dafne, ¿estás bien?
-No creo que vuelva. No.
- Bien. Entonces, ¿te
gustaría trabajar aquí, conmigo? No puedo pagarte mucho, pero es suficiente
para vivir.
-Es una buena oferta,
Marco, pero debo pensarlo. Aún no sé qué voy a hacer.- dijo, sincera.
-Bueno, cuando lo sepas,
avísame.
Ambos siguieron limpiando
en silencio, y así transcurrió el día. Por la noche, Marco no dejó que Dafne
trabajara en el bar para protegerla, por lo que ella pasó la noche leyendo El
libro de Enoc, uno de los tantos que Marco tenía en sus librerías. Y poco a
poco, se quedó dormida.
Cuando Marco llegó a casa,
bien entrada la noche, la oyó gritar y llorar y corrió hacia ella. Estaba
dormida.
-¡Dafne! ¡Dafne!
¡Despierta! ¿Qué te pasa? ¡Dafne!
Y Dafne se despertó y
lloró desconsoladamente, abrazada por Marco. Estaba asustada, dolida.
Al cabo de un largo
tiempo, consiguió calmarse.
-Dafne, ¿qué soñabas?
-Anoche…- dijo sollozando.-Necesito
saberlo, Marco. Dime la verdad. Por favor.
-No, no llegó a tanto.-
confesó él conteniendo la rabia y la tristeza.
Y en respuesta ella se
abrazó a él durante lo que pudo ser una eternidad. Cuando ya dormía, Marco la
arropó y se fue al sofá.
Así pasaron los días, las
semanas. Ambos trabajaban en el café de Marco por el día y por la noche Dafne
se quedaba leyendo.
Ya había pasado casi un
mes desde la llegada de Dafne, y aparentemente todo iba bien. No conocía a
Marco, y él a ella tampoco. Pero no necesitaban conocerse, se entendían y se
necesitaban, aunque ellos aún no lo supieran.
Una noche, Marco llegó
extrañado a casa.
-Dafne, tengo un sobre
para ti.
-¿Un sobre? ¿De quién?
-No lo sé. Estaba en el
mostrador y no tiene remitente. Toma.
Dafne lo abrió. Era una
tarjeta de felicitación de cumpleaños. La desdobló, y al leer lo que contenía
en su interior, dejó caer la tarjeta al
suelo y comenzó a temblar. Marco, que había visto la cadena de reacciones que
habían surcado su cara, cogió la tarjeta y la leyó.
-Huye.
Dafne seguía con la cara
pálida y sin articular palabra, y Marco quería entender.
-¿Qué significa esto,
Dafne? ¿Sabes quién te la envía? ¿Por qué pone “huye” en una tarjeta de cumpleaños?
Dafne.
-Marco, siéntate. Tienes
que prometerme que no dirás nada de lo que voy a contarte, por favor. A nadie.
-Tranquila, puedes confiar
en mí.
Ella lo miró con dolor.
-Cuando llegué aquí,
estaba huyendo de algo. Desde que nací he vivido con mi padre, mi madre murió
cuando tenía dos años. Al principio fue duro, pero seguíamos adelante. Pero
poco a poco las cosas fueron a peor. Mi padre empezó a beber, no mucho, pero
bebía. Yo le decía que lo dejara, que se estaba haciendo daño, pero no me hizo
caso. Dejó el trabajo y lo sustituyó por un bar.
-El bar en el que
trabajabas.
-Sí. Yo tuve que hacer de
camarera, tuve que servirle a mi propio padre el veneno que destruía nuestras
vidas a marchas forzadas.
“Cuando se cansaba de
estar allí y de mostrarme como pieza de valor a sus amigos, se iba a casa. Yo
tenía que quedarme trabajando y cerrar el local. Terminaba de trabajar de
madrugada, y cuando llegaba a casa siempre había alguna mujer en su cama.
Nuestra vida cambió totalmente. Una noche, al llegar a casa de trabajar,
escuché desde el jardín cómo él y la mujer a la que había llevado esa noche a casa
discutían. Esperé a que acabaran, y la mujer se fue. Mi padre estaba enfadado,
violento y muy borracho. Yo entré, y me fui a mi habitación. Y él vino detrás de
mí. Se me acercó y me dijo que era muy guapa, que estaba orgulloso de haber
creado una mujer así. Me acariciaba y me
susurraba al oído. Salí corriendo, y él detrás de mí. No encontré ninguna
salida, y me alcanzó. Me desnudo de cintura para arriba y me empujó contra el sofá. Yo estaba asustada y no sabía qué hacer. Me defendí. Le estampé un jarrón
en la cabeza y salí corriendo. Pensé que estaba muerto, había mucha sangre.
Pero veo que no es así."
“Cuando era pequeña, desde que mi madre murió, mi padre me arropaba en la cama y me decía que huyera siempre que hubiera un
peligro cerca de mí. Y ahora él es el peligro."
-Así que viene a
por ti. ¿Y la tarjeta?
-Hoy es mi cumpleaños.Ya me ha encontrado,
Marco. Tengo que irme de aquí.- los nervios hablaban por ella.
Se levantó y comenzó a
recoger sus pertenencias.
-Dafne, ¿a dónde vas a ir?
¡No tienes a nadie, no tienes dinero! ¡No hagas planes precipitados!- replicó
él, asustado.
-Me buscaré la vida como
he hecho siempre. Pero no puedo quedarme aquí, Marco.
-¡Estás cometiendo una
estupidez! ¡No tienes nada y eres una cría! ¡No sabes defenderte en la calle,
Dafne! ¡¿No te das cuenta de que si te vas acabarás mal?!
Marco estaba desesperado,
asustado. Pero no era al padre de Dafne a lo que temía.
-¡Y si me quedo el que acabará mal serás tú
y eso no me lo perdonaría nunca!- chilló ella casi sollozando.
Ambos se quedaron en silencio
un instante.
-Marco yo…
-Dafne, yo estaré bien.
Eres tú la que corre peligro y no puedes defenderte sola.
Ambos se miraron largo
rato a los ojos, expresaron en silencio con miradas lo que llevaban semanas
queriendo decir. Fue Marco quien apartó la vista.
-Eres libre de irte si así
lo deseas.
Y dio media vuelta y se fue, dejando a Dafne
sola en casa.
Llovía.
Te alabo el gusto. Literariamente hablando resulta de lo más atractivo situar en el epicentro de la acción a dos personajes que no podrían habitar puntos más alejados de la existencia. Sin conflicto no puede haber relato. El encuentro fortuito de dos seres como detonante de todo lo demás. Muy jugoso. Material de primera difícil de gestionar pero que azuza al lector a profundizar en las peripecias de Dafne y Marco, personajes bien construidos con sangre y vísceras y no con cartón-piedra.
ResponderEliminarJajaja ya te lo he dicho en más ocasiones, me retas, me exiges. Tus comentarios son rompecabezas. Encontrar la manera de contestarte estando a la altura es difícil, but not imposible!
EliminarDe momento, y por hoy, simplemente haré referencia a ese detalle de tu comentario en el que te refieres a los personajes. Eres listo, e intuyo que al igual que yo adiviné ayer aquél "Akuna Matata", tu adivinarás a quiénes se parecen Marco y Dafne, de dónde vienen y cuál es su origen.
Tienes siete intentos y constas de dos brazos, dos piernas, una cabeza y el estrangulamiento. Buena suerte!